lunes, 23 de noviembre de 2009

había una rosa en mi jardín

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:

Todas las rosas son y serán por siempre atesoradas en el corazón de cada ser que se sepa con conciencia de amor, belleza, espontaneidad, o que simplemente se empachan con el encantamiento de una flor, que con sus características únicas, llena todos los espacios necesarios para hacernos olvidar esas pequeñas cosas que no las hacen las flores más hermosas del jardín, pero que sin embargo nos cautivan, nos hacen pensar en ellas por tardes enteras, que nos invaden la mente con su aroma, en palabras simples: nos enamoran.

Esa flor que debo sacar de mi jardín y dejar que crezca en el de al lado, donde espero sea para mejor, pues sé que conmigo hubiera sido la más hermosa entre todas las flores, hubiera crecido de forma libre, y yo hubiera dejado de lado sus imperfecciones y ella las mías, pero no todo puede ser como uno quiere, en el jardín vecino también crecerá libre y no tendrá limitaciones.

Debo buscar otra flor, una que no llene el espacio dejado por la anterior, no plantarla en el mismo lugar que la que tuve una vez. Debo plantarla en un nuevo sitio, para que crezca sin el fantasma del pasado, evitar las comparaciones, no vivir de ilusiones.

Hay bastantes semillas que puedo convertir en la flor de mi jardín, pero ninguna como esa que estoy dejando partir, esa que no quiero que se vaya, la que me mirará desde lejos y que no sabrá nunca o tal vez sí, lo importante que fue para mí.

¡No quiero! podrías ser por siempre mía, lo sabes, reconócelo, sé que lo sabes. Intenta decirme algo, dime tan sólo una palabra, no calles, asiente con la cabeza, susúrrame algo, pero no te vayas o no dejes que yo te deje, sin algo que me quieras decir.

Hay algo en tu mente, mínimo quizás, podrías darte cuenta de lo que siento... confío en tu inteligencia.

Pienso que no importa lo que haga, tu sabrás lo que pudo haber pasado si él no hubiera estado.


––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...