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jueves, 24 de diciembre de 2009

Carta IV: Emmanuel Tapia: recaída

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:

Brote de elegía. Catarsis no nata. El baúl de los recuerdos.

Hermano, alguien como yo debería tener una botella de antidepresivos a mano, pero no la necesito. Me siento tan capaz de oscilar anímicamente sabiendo que en algún momento llegaré al estado opuesto, simplemente para darme un poco de aliento y no caer en la dependencia de fármacos. Todo está en la mente. Tú me entenderás, espero.

Dentro de todas las calificaciones que puedo tener, no encuentro una que me describa por completo, entre ellas, la que más me deja vulnerable es ser sentimental. No lo puedo evitar y cada cosa que hago, cada momento que vivo, lo guardo en otra de mis menos queridas características, la memoria.

Me haces falta, pero me convenzo cada día de que volverás y últimamente estoy quedando solo. No soy antisocial, no me cuesta relacionarme, no soy tímido, callado sí, en apariencia apático, insensible y frío, pesimista, autodestructivo, sereno, melancólico, nostálgico, en fin… me carga eso de establecer un día para acordarse de algo, como si el resto del año no pudiera regalarle algo a una persona especial.

Quizás por ese pensamiento infantil, pero no menos razonable, me alejo de tanto “escándalo”, gritos, y felicitaciones, “ah que bien lo hiciste”, “amigo, nunca te olvidaré”, “te quiero”, “eres lo mejor del mundo”.

Me cuesta decir ese tipo de cosas, pero cuando lo hago, siento que no le toman el peso a que YO lo diga, pues no es algo que ocurra muy seguido.

¿Recuerdas nuestras navidades? para mi esa época es una celebración parásita, global, inevitable, corrupta, inexcusable, desvalorizada. Pero estabas tú.

Cuando era chico, lo único que me gustaba de ese día eran los monitos del Cartoon Network que veíamos: especiales de los dibujos con capítulos navideños donde se veía al viejo pascuero tomando leche y comiendo galletas, una cabaña en medio del bosque, paisajes nevados, paz y amor en la tierra, chocolate caliente, monos de nieve, trineos, renos, campanas y la típica fantasía que nos vendían los gringos... aquí no hubo y no habrá nunca algo parecido a eso, no en nuestra ciudad, pero nos gustaba verlo igual.

Vendedores de ilusiones, en nuestro mundo nada de eso era real.
.Considera esto como una recaída, es obvio, soy débil, pero mantengo lo que te contado antes, me voy a levantar y continuaré por los dos.

Te quiero.



 ––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...

lunes, 26 de octubre de 2009

Carta II Oscar Tapia

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:

Hermano, el optimismo nunca fue parte de nosotros. Es en tiempos de felicidad, en que la nube negra de mi pasado se vuelve a posar sobre mí, pero esta vez no sólo hizo llover, hoy cayó con truenos y relámpagos.

Es como si todos los intentos y resultados de tu propio esfuerzo nunca fueran suficientes. La mentalidad pesimista y autodestructiva no me abandona, se duerme por un tiempo y despierta cuando menos me lo espero: la frase de un amigo que ignora lo que hice, las conversaciones con ex compañeros, las llamadas telefónicas, mirar hacia “ése” lugar, despertar y ver la mancha del techo…la misma que miré a los 13 años.

No puedo ocultarlo más, necesito conversarlo y no estás aquí. Hermano, callar sólo duerme la agonía, callar sólo enceguece la verdad por un instante, no puedo mentirme a mí mismo, admito lo que intenté hacer, tú lo sabes y no lo dices, no lo quieres reconocer.

Busco estúpidamente en el baúl de mis memorias, donde cada cosa que encuentro me trae tristes recuerdos… maldita conciencia, maldita paciencia, maldita inocencia…maldito yo por haber nacido imperfecto. Perdóname, no quise ofenderte con mi existencia, pero no te preocupes, no volveré a nacer.

Cobardía dices, locura tal vez, todos pensamos alguna vez en lo mismo, la diferencia es que yo lo intenté hacer.

¿Depresión primaveral?... no, esto me da en cualquier estación del año, eso sí que lo reconozco, pero no por eso dejo de ser el mismo de siempre, todos nos cansamos de la rutina, de la sonrisa eterna que finjo diariamente. Hoy fue la excepción, la sonrisa fue seriedad, cayó una lágrima…las echaba de menos.

¿Motivo y causa?, eso no lo sabrás por ahora, aún no me conozco lo suficiente y a ti tampoco, déjame descubrir algunas cosas, entre ellas la vida y la confianza en mí mismo. Perdóname, no quise ofenderte con mi existencia, pero no te preocupes, no volveré a nacer.

Oscar.







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Pensamientos de Oscar Tapia, hermano de Emmanuel.
Todo post sobre los hermanos Tapia, tiene un alto grado de influencia en lo que he vivido, más la aplicación de la literatura darkpoetiana.

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...

sábado, 10 de octubre de 2009

Carta I: En la mente de Emmanuel Tapia

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:


El fin de la agonía perenne

No creo que sea posible el éxito. Es más profundo el abismo de mi mente que las ganas optimistas de superación, pero las tengo. Lo intento, ante la mirada ajena nada me derrumba, soy el hijo perfecto, el mejor amigo que yo mismo quisiera tener, pero no…
…me caigo y yo mismo me tiro para abajo, que difícil es vivir así, aparentando estar bien y ocultando lo imperfecto de mi vida.

Mi capacidad gregaria va en aumento gracias a los amigos que hoy tengo, los de antes reniegan de mí, desvían la mirada. Soy un susurro, un comentario perdido en sus mentes vacías, o mejor dicho, llenas de…nada.

¿Fue para pasar más rápido el tiempo? no lo sé, hoy eso queda en el pasado. Es un recuerdo que duele, no hay nada más triste en el mundo que sentirse solo, no ser necesitado por alguien, te quita el sentido de estar aquí, sobre todo cuando tenías lazos tan fuertes y que no se cortaban con nada.

Hermano, dan ganas de rendirse, pero la historia de mi vida es más que eso, continuos debates existenciales me atormentaron, pero aún estoy aquí, con la esperanza de lograr lo que quiero, para eso estoy, para ver las cosas mínimas como gigantes y después superarlas y sentirme invencible, eso creo.

Tengo que mencionar que a pesar de todo las cosas no me afectan como antes. Tengo la experiencia de haber sufrido harto, la agonía perenne está perdiendo su inmortalidad, “sufrías por pequeñas cosas”, dirán algunos, pues no todos somos iguales: una piedra en el zapato puede llegar a ser muy molesta, pero gané resistencia y pude desaparecer esa piedra, cosa que no todos hacen.

Ahora recuerdo esas molestias y río al saber que no me detuvieron, y aunque no encontré solo piedras, sino que también rocas… hoy en día una avalancha sería fácil de esquivar, pero espero a que vengan, sé que algunos quieren que no las esquive y que falle al intentarlo… esperen sentados.

La mancha carmesí en la manga de la camisa escolar quedó en el pasado, la mirada temerosa al bajar de la micro, la última gota de agua en la tina del baño ¿sería el fin?...no, claro que no, y espero encontrar a alguien igual, para que sepa que yo también pasé por lo mismo, sé de alguien, pero la conversación quedó inconclusa, espero volver a hablar de eso.

Resumiendo, gracias a todo lo que viví cuando chico es por lo que hoy me puedo sostener en pie. Oscar, las malas experiencias (de cualquier tipo), siempre dejan algo, y sé bien que siempre habrá algo peor, “no hay mal que dure cien años”, siempre hay un mal más grande que el que estas viviendo, y espero encontrar la paz pronto, para eso estoy, para seguir luchando por vivir, por ser necesitado por alguien, por mí, por ti, por todos.

No creo que sea posible el éxito, es más profundo el abismo de mi mente que las ganas optimistas de superación…ya no más.



––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...