El teléfono vibró después de siete horas en abandono.
¿Qué hice durante el día?
Aguantarme la ansiedad, angustia, desilusión, decepción, tristeza y desesperación con una cara tranquila. Sin rastros de destrucción interna.
¿Acaso voy a venir a llorar las penas a Blogger cada vez que me sienta mal?
Señora, esta es la publicación 47 donde vengo a abrir El Muro de los Lamentos, ya debería haberse acostumbrado.
Hablemos de costumbre.
No tengo orgullo en contar que suelo vivir con las
adversidades y las hago parte de mi rutina. No es para nada bueno. Este año ha sido muy malo psicológicamente, al punto
en que me he dejado de lado para complacer a alguien más. Apartando mis ideas,
mis conceptos de vida por retener un amor que no quiere lo mismo que yo. No en
primera instancia.
Entonces, mi costumbre pasa por no estar solo. Me
anulo con tal de prolongar un final inevitable.
“Me dormí”, dice el mensaje.
“Quien duerme todo el día, tendrá toda la noche para
usar Grindr”. Evangelio de San Cesar, capítulo: te están cagando. Versículo:
amiga, date cuenta.
Me acostumbré a creer y a darme porrazos.
Me acostumbre a confiar, a decepcionarme.
Porque descubrí la mentira muchas veces (muchas) y la
dejé pasar. Confié y volví a quedar como estúpida.
Y en esa confianza, me evaporé.
Dejé de ser yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿algo que decir?...deja tu correo si eres anónim@ o firma con un nombre :)