El poder del significado o de cómo cagarme la mente.
Me encanta cantar, aunque sé que lo hago mal. Me relaja y me ayuda a hacer más llevaderas las tareas del hogar o para pasar el rato cuando estoy solo.
He notado que solo canto cuando ando de buen humor y rara vez lo hago cuando estoy con más gente. Si no me siento bien, me dedico a escuchar en silencio.
Una de las cosas que practico y trato de mantener es
no asociar canciones con personas, porque al final lo único que hago es arruinar
la música. A ver, no digo que esté mal dedicar un tema, es solo que prefiero no
hacerlo. Hace muchos años, tuve la vergonzosa idea de grabarme cantando unos
covers y subir los videos a YouTube. Se los mandaba a quien quería que le
llegue el mensaje y eran canciones que hasta el día de hoy me gustan mucho,
pero sigue esa espina de la ridiculez que hice. Con un poco de amargura
también, debo admitirlo.
Hoy, el hombre viejo y gruñón de toda la vida se ha convertido en una persona muy sensible. Siempre lo fui, pero la coraza se ha ido gastando y creo que no solo con los golpes de afuera. Yo mismo rasguñé desde el interior buscando respirar, queriendo vivir. Y en esa salida, en la experiencia de la tristeza, puedo decir:
¡Qué crueles son las ideas que me surgen con las decepciones y las canciones de amor!
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