Te he pensado todo el día y no me canso. Los
recuerdos de tantas noches que pasamos contándonos la vida en tu banquita. El
primer “hola” al despertar. Cuando dejé
la llave de mi casa en la tuya sólo para poder verte otra vez y que me la
llevaras. Tus abrazos apretados. Mis besos en tu nuca. Tu carita asomándose por
la puerta cuando te voy a ver y aún no te vistes. Las veces que despiertas en
la noche y me buscas y abrazas con tus piernas y puedo sentirte, desde tus pies
hermosos y calentitos, a tu respiración en mi pecho.
Tus ojos en la mañana, chinitos junto a los míos. ¿Té o manzanilla? “Ninguno”, dices. ¿Y qué tal un Te Quiero? De esos tengo para darte siempre. “¿Te duele la pancita?”, pregunto. Es que siempre quiero que te sientas mejor. Soy tan insistente, pero me preocupas bastante y soy un idiota que cuida lo suyo.
Tus ojos en la mañana, chinitos junto a los míos. ¿Té o manzanilla? “Ninguno”, dices. ¿Y qué tal un Te Quiero? De esos tengo para darte siempre. “¿Te duele la pancita?”, pregunto. Es que siempre quiero que te sientas mejor. Soy tan insistente, pero me preocupas bastante y soy un idiota que cuida lo suyo.