lunes, 26 de octubre de 2009

Carta II Oscar Tapia

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:

Hermano, el optimismo nunca fue parte de nosotros. Es en tiempos de felicidad, en que la nube negra de mi pasado se vuelve a posar sobre mí, pero esta vez no sólo hizo llover, hoy cayó con truenos y relámpagos.

Es como si todos los intentos y resultados de tu propio esfuerzo nunca fueran suficientes. La mentalidad pesimista y autodestructiva no me abandona, se duerme por un tiempo y despierta cuando menos me lo espero: la frase de un amigo que ignora lo que hice, las conversaciones con ex compañeros, las llamadas telefónicas, mirar hacia “ése” lugar, despertar y ver la mancha del techo…la misma que miré a los 13 años.

No puedo ocultarlo más, necesito conversarlo y no estás aquí. Hermano, callar sólo duerme la agonía, callar sólo enceguece la verdad por un instante, no puedo mentirme a mí mismo, admito lo que intenté hacer, tú lo sabes y no lo dices, no lo quieres reconocer.

Busco estúpidamente en el baúl de mis memorias, donde cada cosa que encuentro me trae tristes recuerdos… maldita conciencia, maldita paciencia, maldita inocencia…maldito yo por haber nacido imperfecto. Perdóname, no quise ofenderte con mi existencia, pero no te preocupes, no volveré a nacer.

Cobardía dices, locura tal vez, todos pensamos alguna vez en lo mismo, la diferencia es que yo lo intenté hacer.

¿Depresión primaveral?... no, esto me da en cualquier estación del año, eso sí que lo reconozco, pero no por eso dejo de ser el mismo de siempre, todos nos cansamos de la rutina, de la sonrisa eterna que finjo diariamente. Hoy fue la excepción, la sonrisa fue seriedad, cayó una lágrima…las echaba de menos.

¿Motivo y causa?, eso no lo sabrás por ahora, aún no me conozco lo suficiente y a ti tampoco, déjame descubrir algunas cosas, entre ellas la vida y la confianza en mí mismo. Perdóname, no quise ofenderte con mi existencia, pero no te preocupes, no volveré a nacer.

Oscar.







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Pensamientos de Oscar Tapia, hermano de Emmanuel.
Todo post sobre los hermanos Tapia, tiene un alto grado de influencia en lo que he vivido, más la aplicación de la literatura darkpoetiana.

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...

martes, 20 de octubre de 2009

La botella, sus amigas y yo.

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:

Todas juntas en perfecta línea, tal cual si fuera la primera fila de un desfile, esperaban ser compradas o hasta fiadas: las botellas de agua.

Estaban puestas en el mostrador junto a los confites, papas fritas, chupetes y al lado de la señora que atiende el quiosco. Las habían traído hace pocos días, recién ordenadas. Una en especial llamó mi atención.

La botella de agua mineral llevaba esperando dos días en la bodega, ahora eran los últimos minutos que le quedaban de vida. Junto a sus amigas, o mejor dicho hermanas, esperaba impacientemente poder saciar la sed de alguien, para así poder conocer el final de su existencia.

Ése día jueves por la tarde se acercaba por primera vez en veinte minutos un comprador, éste las observó detenidamente mientras todas ponían su mejor cara, no se movían, se aguantaban las ganas de estornudar, pero a pesar de todos sus esfuerzos, todo lo que hicieron no fue suficiente. El hombre prefirió comprar una bebida gaseosa, pues son más atractivas y baratas.

El agua mineral recuerda su corta existencia, no sabe cuándo nació: “todo estaba en penumbras… vi la luz cuando me traían a este quiosco, aunque tengo algunos recuerdos vagos de una gran habitación con cientos de mis hermanas, creo que fue un sueño”, afirmaba la botella, que en ese momento dejaba caer una lágrima, o quizás fue sólo una gota de agua que oportunamente recorrió su cuerpo.

En el quiosco, un lugar apartado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte, rodeado por una pequeña cantidad de árboles, que a esa hora daban sombra a los perros vagos que circulan libremente por allí, cada vez se iban acercando más compradores, pero nadie quería tomar agua. Las bebidas eran las más solicitadas. 

En el nuevo y al parecer último hogar que tendrían estas botellas, comenzaba a sentirse un aire de melancolía, nadie las quería…¿Quién querría tomar agua, habiendo tantas bebidas de fantasía, con colorantes y endulzantes artificiales? eso mismo se preguntaban todas, que si no fuera por la tapa que tenían, llorarían todo su contenido para acabar ellas mismas con su agonía.

Hacían apuestas para ver quien se iría primero, les servía para pasar el rato, en especial la que había llamado mi atención, ésa botella de medio litro, que me miraba… tratando de convencerme de que la compre, tenía ya un aspecto suicida, se dejaría caer tal vez, esperando que el gas la reviente dejándola libre, o quizás aún no llegaría a ese punto.

Traté de cambiarle el tema, en verdad no tenía sed, y tampoco no la compraría por pena, así que seguí conversando con ella, me habló de la primera vez que venía en camión, de cómo conoció a sus vecinas, de los insultos que intercambiaron cuando pusieron a la caja de jugos en polvo sobre ellas. Aunque uno crea que con el endulzante artificial, los jugos deberían ser unos caballeros, en verdad no es así, ni siquiera el néctar se salva, pero al final, a oscuras y sin saber quiénes eran las desafiantes enemigas que tenían bajo ellas, las botellas lograron dejarlos callados.

El sol tenía ganas de irse a dormir, fue a estas horas que llegaron dos amigas, ambas notoriamente cansadas.Tenían sed, pero no pidieron una bebida light…querían agua.

El sordo, pero para mi, ensordecedor grito de las botellas me sorprendió de sobremanera, tanta alegría, como cuando llega el payaso a un cumpleaños infantil, las botellas estaban a punto de explotar de la emoción ¿Quién sería la elegida?  esto era importante, se sabría cuál sería la primera de ellas en partir… la primera en morir.

Ambas recibieron una botella de agua mineral, pero no salió ninguna de las que estaban en el mostrador, pidieron agua helada, tenían calor. Las jóvenes venían de trotar, y la no elección de las botellas que se creían modelos en el mostrador, causo decepción entre ellas.

Me reí unos minutos, pero después sentí pena por ella, la que había llamado mi atención, la que me habló de su vida, la que gritaba esperando morir, no había sido escogida…decidí acabar con su agonía, así que la compré…me senté y comencé a beber, no estaba caliente…aún se mantenía fresca, sonreía y sollozaba al ser drenada…finalmente se vació, la observé esperando que dijera algo, o que no dijera nada, ahí estaba…inmóvil como debería estar una botella. Deduje que había llegado a su fin, esperé un rato y la seguí mirando, me sentí aliviado en haberla ayudado.

Era tarde y me tenía que ir, así que me paré y la dejé en el basurero, no la tiré, justo cuando me volteo escucho la ovación de las botellas del mostrador. Vuelvo a reír, estoy escuchando a las botellas, pero no me importa, hoy hice algo bueno por alguien.

Seguí avanzando y al dar unos pasos más allá, escucho una voz… venía del basurero, era una voz familiar, la única con la que había estado hablando…al ir caminando escucho: “gracias”.



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Un poco oscura la visión reiterativa del sentimiento suicida de un ser inanimado que pide el fin de su existencia, me suena a suicidio asistido el final de la historia...macabro, pensar que la mente vomita sentimientos que un escritor los debe plasmar en la prosa, y que en mi caso, no tomo el peso de lo que escribo hasta que lo leo terminado, me gusta eso, el tener la libertad para crear lo que quiero sin limitarme a lo que se dirá con el resultado...obviamente en periodismo no puedo hacer lo mismo, pero ese es otro gusto que tengo, y son cosas distintas, en la literatura por ej soy amo y señor de mi propio mundo, no se metan con un escritor, o les destrozará la vida en cientos de formas posibles, la imaginacion no tiene límites...

psycho mode off.

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...

sábado, 10 de octubre de 2009

Carta I: En la mente de Emmanuel Tapia

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:


El fin de la agonía perenne

No creo que sea posible el éxito. Es más profundo el abismo de mi mente que las ganas optimistas de superación, pero las tengo. Lo intento, ante la mirada ajena nada me derrumba, soy el hijo perfecto, el mejor amigo que yo mismo quisiera tener, pero no…
…me caigo y yo mismo me tiro para abajo, que difícil es vivir así, aparentando estar bien y ocultando lo imperfecto de mi vida.

Mi capacidad gregaria va en aumento gracias a los amigos que hoy tengo, los de antes reniegan de mí, desvían la mirada. Soy un susurro, un comentario perdido en sus mentes vacías, o mejor dicho, llenas de…nada.

¿Fue para pasar más rápido el tiempo? no lo sé, hoy eso queda en el pasado. Es un recuerdo que duele, no hay nada más triste en el mundo que sentirse solo, no ser necesitado por alguien, te quita el sentido de estar aquí, sobre todo cuando tenías lazos tan fuertes y que no se cortaban con nada.

Hermano, dan ganas de rendirse, pero la historia de mi vida es más que eso, continuos debates existenciales me atormentaron, pero aún estoy aquí, con la esperanza de lograr lo que quiero, para eso estoy, para ver las cosas mínimas como gigantes y después superarlas y sentirme invencible, eso creo.

Tengo que mencionar que a pesar de todo las cosas no me afectan como antes. Tengo la experiencia de haber sufrido harto, la agonía perenne está perdiendo su inmortalidad, “sufrías por pequeñas cosas”, dirán algunos, pues no todos somos iguales: una piedra en el zapato puede llegar a ser muy molesta, pero gané resistencia y pude desaparecer esa piedra, cosa que no todos hacen.

Ahora recuerdo esas molestias y río al saber que no me detuvieron, y aunque no encontré solo piedras, sino que también rocas… hoy en día una avalancha sería fácil de esquivar, pero espero a que vengan, sé que algunos quieren que no las esquive y que falle al intentarlo… esperen sentados.

La mancha carmesí en la manga de la camisa escolar quedó en el pasado, la mirada temerosa al bajar de la micro, la última gota de agua en la tina del baño ¿sería el fin?...no, claro que no, y espero encontrar a alguien igual, para que sepa que yo también pasé por lo mismo, sé de alguien, pero la conversación quedó inconclusa, espero volver a hablar de eso.

Resumiendo, gracias a todo lo que viví cuando chico es por lo que hoy me puedo sostener en pie. Oscar, las malas experiencias (de cualquier tipo), siempre dejan algo, y sé bien que siempre habrá algo peor, “no hay mal que dure cien años”, siempre hay un mal más grande que el que estas viviendo, y espero encontrar la paz pronto, para eso estoy, para seguir luchando por vivir, por ser necesitado por alguien, por mí, por ti, por todos.

No creo que sea posible el éxito, es más profundo el abismo de mi mente que las ganas optimistas de superación…ya no más.



––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...

miércoles, 7 de octubre de 2009

Luz de esperanza

––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice: Dedicado a Jhoseline Herrera...

Carlos se paró al borde del precipicio, solo treinta metros lo separaban de su destino final. Lo único que hacía era recordar lo triste que era su vida para animase a saltar al vacío. Los recuerdos de los golpes e insultos que recibió durante los tres meses que llevaba en su colegio nuevo, porque en el anterior los compañeros se reían de él por ser obeso.

Carlos tiene 13 años, y nunca ha recibido grandes muestras de cariño, su padre trabaja todo el día y su madre los abandonó cuando él tenía dos años. No tiene amigos y en su colegio actual, las burlas van aumentando.

Los profesores no hacen nada para detener esto, no se interesan, a ellos solo les preocupa lo suyo. El amor personal se les ha acrecentado, no conocen el amor por los demás. La gente ha cambiado, para ser persona hay que dar y recibir amor, debe ser un sentimiento reciproco. Carlos, aunque ha tratado de entregar amor, nunca lo ha recibido.

Desde pequeño que está solo, camina solo, almuerza solo y en su casa siempre está solo. Se ha hecho muy independiente en el hogar, pero afectivamente no puede relacionarse, nadie quiere hacer grupos con él…se deprime…se auto-flagela.

Un nuevo compañero ha llegado, del mismo colegio que venía Carlos, lo reconoce y trata de hablarle, pero él se ha vuelto antisocial, ya no necesita que le muestren afectividad. Se siente un caso perdido, la única solución es acabar pronto con esto, no esperar a que llegue la muerte natural, para ser feliz hay que terminar el sufrimiento…una caída libre lo solucionaría, se acercaba el momento, Carlos por fin sería feliz.

El día en que se llegaría a la felicidad y que se terminarían las faltas de amor que Carlos tenía, aparece milagrosamente Andrés, el compañero nuevo. Al reconocerlo al borde del precipicio, lo detiene del brazo y lo bota al suelo, preguntándole por qué iba a hacer una tontería. Carlos le dice que él no tenía nada que hacer allí, que era un estorbo en su camino para encontrar la felicidad y el amor.

Andrés le dijo que él había pasado por lo mismo y que nadie lo quiso escuchar, por eso él quería ayudar a las demás personas para que no pasen por lo mismo que él, y que también estuvo a punto de hacer lo mismo, pero encontró que no era la solución, que el amor, no sólo es el de pareja, también existe el amor fraterno, que un amigo te puede salvar la vida, que nadie está solo, que todos tenemos derecho a ser queridos y a entregar afecto a los demás.

Finalmente Carlos se sentía persona, era reconocido por alguien, ya no se sentía solo, alguien había pasado por lo mismo que él y ahora lo estaba ayudando a superarlo.

Pasaron varios meses y  ocurrió algo que él nunca esperó, se hicieron grandes amigos. El tener a alguien con quien compartir las experiencias, poder crecer como seres íntegros y que pueden convivir con los demás, los transformó en personas muy afectivas y sociables.





––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...