Lo que estaba sintiendo era como dos rocas que chocan para hacer fuego, tirando chispas cada vez que una golpea a la otra. Pequeñas luces de algo que si llegaba a encender, sería tan resplandeciente como la primera vez que se miraron.
Pero no, se mantuvo en silencio sobre la cama viéndole marchar.
Hubo un intento de llamar su atención que no resultó, ya que no insistió lo suficiente. Esta vez era su turno de reaccionar. En cambio, prefirió mostrarse distante, aparentando que la llama no se estaba apagando por la frialdad y comodidad de su parte.
Siempre lo mismo, muestras débiles de cariño cuando la visita está llegando a su fin, esto le hacía preguntarse:
¿Por qué me quieren sólo cuando no estoy?
¿Por qué me quieren sólo cuando me voy?
¿Pensará en mí lo suficiente como para tener un recuerdo?
Ya estaba cansado de esa frustración acompañada de tristeza, de saber que ha hecho lo que estaba a su alcance y que no es correspondido, sino que más bien, ignorado por el ego y falta de voluntad de quien pensó que sería su mejor elección en la vida, hasta ahora.
¿Volveré? Pensó, mientras cerraba la puerta.
Afuera estaba soleado, era una tarde despejada y tranquila. Hace mucho que no sentía calor en su piel y le hubiera gustado recibir un mensaje que le hiciera creer en mutantes.
Miró el celular y nada.
Sintió que le observaban desde una ventana, pero siguió caminando y desapareció de su vista.
––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...