––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ dice:
Todas juntas en perfecta línea, tal cual si fuera la primera fila de un desfile, esperaban ser compradas o hasta fiadas: las botellas de agua.
Estaban puestas en el mostrador junto a los confites, papas fritas, chupetes y al lado de la señora que atiende el quiosco. Las habían traído hace pocos días, recién ordenadas. Una en especial llamó mi atención.
La botella de agua mineral llevaba esperando dos días en la bodega, ahora eran los últimos minutos que le quedaban de vida. Junto a sus amigas, o mejor dicho hermanas, esperaba impacientemente poder saciar la sed de alguien, para así poder conocer el final de su existencia.
Ése día jueves por la tarde se acercaba por primera vez en veinte minutos un comprador, éste las observó detenidamente mientras todas ponían su mejor cara, no se movían, se aguantaban las ganas de estornudar, pero a pesar de todos sus esfuerzos, todo lo que hicieron no fue suficiente. El hombre prefirió comprar una bebida gaseosa, pues son más atractivas y baratas.
El agua mineral recuerda su corta existencia, no sabe cuándo nació: “todo estaba en penumbras… vi la luz cuando me traían a este quiosco, aunque tengo algunos recuerdos vagos de una gran habitación con cientos de mis hermanas, creo que fue un sueño”, afirmaba la botella, que en ese momento dejaba caer una lágrima, o quizás fue sólo una gota de agua que oportunamente recorrió su cuerpo.
En el quiosco, un lugar apartado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte, rodeado por una pequeña cantidad de árboles, que a esa hora daban sombra a los perros vagos que circulan libremente por allí, cada vez se iban acercando más compradores, pero nadie quería tomar agua. Las bebidas eran las más solicitadas.
En el nuevo y al parecer último hogar que tendrían estas botellas, comenzaba a sentirse un aire de melancolía, nadie las quería…¿Quién querría tomar agua, habiendo tantas bebidas de fantasía, con colorantes y endulzantes artificiales? eso mismo se preguntaban todas, que si no fuera por la tapa que tenían, llorarían todo su contenido para acabar ellas mismas con su agonía.
Hacían apuestas para ver quien se iría primero, les servía para pasar el rato, en especial la que había llamado mi atención, ésa botella de medio litro, que me miraba… tratando de convencerme de que la compre, tenía ya un aspecto suicida, se dejaría caer tal vez, esperando que el gas la reviente dejándola libre, o quizás aún no llegaría a ese punto.
Traté de cambiarle el tema, en verdad no tenía sed, y tampoco no la compraría por pena, así que seguí conversando con ella, me habló de la primera vez que venía en camión, de cómo conoció a sus vecinas, de los insultos que intercambiaron cuando pusieron a la caja de jugos en polvo sobre ellas. Aunque uno crea que con el endulzante artificial, los jugos deberían ser unos caballeros, en verdad no es así, ni siquiera el néctar se salva, pero al final, a oscuras y sin saber quiénes eran las desafiantes enemigas que tenían bajo ellas, las botellas lograron dejarlos callados.
El sol tenía ganas de irse a dormir, fue a estas horas que llegaron dos amigas, ambas notoriamente cansadas.Tenían sed, pero no pidieron una bebida light…querían agua.
El sordo, pero para mi, ensordecedor grito de las botellas me sorprendió de sobremanera, tanta alegría, como cuando llega el payaso a un cumpleaños infantil, las botellas estaban a punto de explotar de la emoción ¿Quién sería la elegida? esto era importante, se sabría cuál sería la primera de ellas en partir… la primera en morir.
Ambas recibieron una botella de agua mineral, pero no salió ninguna de las que estaban en el mostrador, pidieron agua helada, tenían calor. Las jóvenes venían de trotar, y la no elección de las botellas que se creían modelos en el mostrador, causo decepción entre ellas.
Me reí unos minutos, pero después sentí pena por ella, la que había llamado mi atención, la que me habló de su vida, la que gritaba esperando morir, no había sido escogida…decidí acabar con su agonía, así que la compré…me senté y comencé a beber, no estaba caliente…aún se mantenía fresca, sonreía y sollozaba al ser drenada…finalmente se vació, la observé esperando que dijera algo, o que no dijera nada, ahí estaba…inmóvil como debería estar una botella. Deduje que había llegado a su fin, esperé un rato y la seguí mirando, me sentí aliviado en haberla ayudado.
Era tarde y me tenía que ir, así que me paré y la dejé en el basurero, no la tiré, justo cuando me volteo escucho la ovación de las botellas del mostrador. Vuelvo a reír, estoy escuchando a las botellas, pero no me importa, hoy hice algo bueno por alguien.
Seguí avanzando y al dar unos pasos más allá, escucho una voz… venía del basurero, era una voz familiar, la única con la que había estado hablando…al ir caminando escucho: “gracias”.
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Un poco oscura la visión reiterativa del sentimiento suicida de un ser inanimado que pide el fin de su existencia, me suena a suicidio asistido el final de la historia...macabro, pensar que la mente vomita sentimientos que un escritor los debe plasmar en la prosa, y que en mi caso, no tomo el peso de lo que escribo hasta que lo leo terminado, me gusta eso, el tener la libertad para crear lo que quiero sin limitarme a lo que se dirá con el resultado...obviamente en periodismo no puedo hacer lo mismo, pero ese es otro gusto que tengo, y son cosas distintas, en la literatura por ej soy amo y señor de mi propio mundo, no se metan con un escritor, o les destrozará la vida en cientos de formas posibles, la imaginacion no tiene límites...
psycho mode off.
––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...