«Tengo miedo, mucho miedo. Sé que moriré solo, pero amado.
Viviste lo suficiente como para encontrarte gritando cada noche.
Lo suficiente como para ver a tus amigos traicionarte.
El mundo se regocijará hoy mientras los cuervos se alimentan del poeta que se pudre».
El poeta y el péndulo.
De qué sirven los esfuerzos cuando el premio que uno quiere se hace tan lejano? Tal vez nos equivocamos de pista en la carrera de la vida. Tratando de conseguir algo que no estaba hecho para nosotros. Me pregunto qué hacer en esos casos si vamos pasando la mitad del camino, derrumbarnos y quedar tirados esperando que todo mejore es una opción.
Dónde estará esa voz que nos advierte en pleno andar que estamos gastando aliento en vacíos existenciales no anticipados, futuras lágrimas amargas. Porque eso es lo que queda cuando nos quitan todo, cuando te quitan el premio. Cuando aparecen corredores en la misma pista. Esos que pensaste haber dejado atrás en algún momento, pero terminan adelantándose de todas formas. El premio sigue ahí, como doncella esperando a ser tomada. Como una puta princesa. Maraca. Podría por lo menos poner algo de corazón y sensibilidad porque el camino es espinoso y no ha sido para nada fácil llegar a su lado y estar a pasos de ganarla.
Sólo es eso, un premio. Un objeto y se sabe princesa que quiere ser ganada, porque no pone de su parte, entonces no podemos pedirle nada. Ahí está, mírala. Al final del camino coqueteando con guiños lejanos que al principio eran tuyos, antes de partir. Antes de la decisión.
Elegiste mal.
––––•(-••-)•––––Çë§ÂR ––––•(-••-)•––––¾ ahí se ven...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿algo que decir?...deja tu correo si eres anónim@ o firma con un nombre :)